Buzón sin Miedo

Cartas de cobradores, demandas y embargos, explicados en letra grande por un vecino de Washington Heights

Buzón sin miedo

El buzón de mi edificio en la calle 181 tiene una ranura por donde solo caben sobres finos. Durante casi un año, de 2017 a 2018, yo abría ese buzón con el estómago apretado. Sobres blancos con ventanita. Nombres de empresas que no conocía. Una tarjeta de $3,400 que había dejado de pagar cuando me operaron de la rodilla y estuve cuatro meses sin manejar.

Hice todo mal. Llamé al número del sobre. Admití que la deuda era mía. Pagué $50 "de buena fe" porque la muchacha del teléfono me dijo que eso ayudaba. Cuatro meses después me llegó una demanda de la corte civil de Manhattan. Ahí fue cuando aprendí, porque no me quedó de otra.

Manejé autobuses de la MTA 29 años, la ruta M4 y la Bx7 la mayor parte del tiempo. Me retiré en 2021. Desde 2019 ayudo a vecinos los sábados en la parroquia a leer sus cartas. No soy abogado y lo digo cada vez que me siento con alguien. Lo que soy es un señor que ya pasó por el buzón con miedo y aprendió a abrirlo sin que le tiemble la mano.

Lo que vas a encontrar aquí

Tres artículos, en letra grande porque mis vecinos tienen mi edad y yo también uso lentes.

El primero es sobre la carta. Qué tiene que traer por ley una carta de cobrador desde 2021, qué significa el plazo de 30 días, cómo se escribe una disputa y por qué no debes llamar ni pagar nada antes de hacerla. Es el artículo que me hubiera evitado la demanda.

El segundo es sobre el embargo. La palabra que más miedo da. Qué puede embargar un cobrador de tarjetas y qué no, cuánto del sueldo protege la ley federal y cuánto la de Nueva York, qué pasa con la cuenta del banco y con el Seguro Social, y por qué en Texas, donde vive mi primo, no te pueden tocar el sueldo por una tarjeta.

El tercero es sobre lo que nadie quiere preguntar en voz alta: deudas y papeles. Si un cobrador te amenaza con migración está rompiendo la ley. Las deudas no se ven en el trámite de la residencia bajo la regla actual. Y hay quien se aprovecha del miedo para cobrar lo que ya ni se debe.

Dos cosas que aprendí a la fuerza

Una: la carta de un cobrador no es una orden de un juez. La manda una empresa que compró tu deuda, muchas veces por centavos, y que quiere cobrarla completa. Esa empresa tiene reglas que cumplir, y casi nadie en mi edificio las conocía. La Oficina para la Protección Financiera del Consumidor tiene una sección completa sobre cobro de deudas, con cartas modelo que puedes copiar. Están en inglés; yo las traduzco con mis vecinos.

Dos: hay ayuda gratis en esta ciudad y casi nadie la usa. Los centros de asesoría financiera de la ciudad (Financial Empowerment Centers) dan asesoría financiera gratuita, en español, con cita, en los cinco condados. Y en la corte civil hay un programa de abogados voluntarios para gente que fue demandada por deudas. Yo lo usé en 2018. Me costó cero.

Cuando la deuda ya es demasiada

A veces el problema no es una carta sino diez, y no una tarjeta sino cuatro. Ahí ya no se trata de disputar sino de negociar, y eso es otro oficio. En esta ciudad hay servicios de alivio de deuda en Nueva York en español que negocian con los bancos por ti, y los menciono porque a dos vecinos del edificio les sirvió cuando ya debían más de $15,000 y las cartas no paraban. No es para todos. Pero es mejor que esconder los sobres en una gaveta, que es lo que hacía yo.

Abre el buzón. Lee la carta. Anota la fecha. Y después sigue leyendo aquí.

Ramón Peña tiene 61 años, manejó autobuses de la MTA en Nueva York durante 29 años y vive en Washington Heights desde 1994. En 2017 un cobrador lo demandó por una tarjeta de $3,400 y tuvo que aprender solo cómo funcionan las cartas, los plazos y la corte civil. Desde entonces ayuda a vecinos a leer sus cartas los sábados en la parroquia. No es abogado; cuando algo necesita abogado, lo dice.